Vuelvo.

viernes, enero 25, 2013

SIETE PERPETUIDADES.

Se escribió sobre el escritorio...





Hay siete perpetuidades en mi esencia.

En el rincón de mi oreja
se esconde la primera.
Dulce olor marchito en el lóbulo que cuelga
el silencio y el sonido,
como pendola de lo que se recuerda.
La segunda como estampilla
es un grabado en la azotea;
mis ojos dos estanques 
con gotas siempre en sus vidrieras.
La palma de mi mano
es la tercera.
Manchada con tinta
y en el centro de su muñeca
un estambre de hilos
que urden con sangre las letras.

Hay siete perpetuidades en mi esencia.

La cuarta de ellas
se encuentra en la cabeza.
Es cruel cuando emite ideas,
cuando alucina o cuando piensa.
Le gusta sentirse libre
a pesar de que en mí es presa.
La derecha de mi pecho
envuelve la quinta perpetua.
Una especie de baúl
carcomido por la existencia,
anida en un hondo resquicio
plagado de ramas, redes y puertas;
una caracola parece su vestíbulo,
anticuario con viejas perlas.

Hay siete perpetuidades en mi esencia.

La sexta.
¡Ay, la sexta!
¡La perforación en mi costado,
la válvula que me alimenta!
El aire que respiro,
fogonazo para no perder la pelea.
El limbo de mi caída
es la séptima esencia.
La boca por la que supura
la herida que no cierra,
la vertiente por la que desciende
el calvario de mi pena,
la ponzoña que adormece,
el bálsamo de mi anestesia.

Hay siete perpetuidades.
La octava es tu ausencia.

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