Vuelvo.

lunes, abril 08, 2013

URDIMBRE.

Se escribió sobre el escritorio...





Yo tejí tu piel en este cuerpo.
Eras una urdimbre complicada
con fibras finísimas y tiernas,
el maíz y su tibieza te asemejaban.
Las largas hebras que brotaban de ti
todas estaban sutilmente hilvanadas
al tramo estrecho de mi hilo
que fielmente en ti me entrelazaba.
Cada punto y trenza que formaba con tu ovillo
se ataba con fuerza a mi estancia
-cadeneta, zig zag y orillo -;
la aguja me dibujaba tramas.
La red que en lo profundo se urdía
era un tejido, con tu telar en mi espalda
y un nudo ciego era el último
rincón en mi pecho en el que terminabas.



viernes, febrero 15, 2013

Un sueño en un sueño. Lectura a Poe.

Se escribió sobre el escritorio...


Lectura del poema "Un sueño en un sueño" del escritor estadounidense Edgar Allan Poe. Su mítica figura seguramente nos acompañará por mucho tiempo.


lunes, febrero 11, 2013

V.

Se escribió sobre el escritorio...


Estamos aquí.
Justo como el tiempo
ha querido tenernos.
Sin una línea diferente.
Sin una sombra que no sea.
Sin un párrafo que no se lea,
estamos aquí.
Lo demás es sólo lo que queda
cuando estamos lejos.

jueves, febrero 07, 2013

IV.

Se escribió sobre el escritorio...


Un día muere 
como cualquier otro.
- Como el de ayer,
el de antes de ayer,
y así, los siguientes -.

El viento se contrae triste
agazapado en las ramas del limoncillo,
entre las flores secas del árbol de mirto,
las magnolias y el jazmín del bejuquillo.

Se ha hecho noche
y hay una espuela en la aguja del reloj
que hace que el segundo se rasgue
y se produzca un sonido 
de etcétera, etcétera, etcétera.

Hora de habitar la siesta de la 'sueña',
del sueño, ¿quién dijo que era?
Si pronuncio tu nombre mientras duermo
es porque se me ha quedado pegado en los labios
como última fonética.

BALADÍ (Para una noche densa)

Se escribió sobre el escritorio...




Esa noche era una noche oscura, no negra.
Era una noche sin luna y sin estrellas.
Una noche densa, despojada de pequeñas islas
o de extraños cuerpos sin refulgencia.
Una noche surcada por una misma figura
que se extendía de confín a confín sin tregua.

Una irritación se me causaba en los ojos
cuando me detenía en la impenetrable esfera
a entender lo que no entendía,
a contemplar lo que no tiene ciencia.

Comprendí esa noche que no era una -noche -
sino la vida entera, 
la que pendía colgada como signo 
en la inercia.

Y ella muy despacio en forma de espectro
me susurró al oído con voz densa: 
¡niña!¡no seas terca! 
¡el sueño ha muerto!
¡despierta!

jueves, enero 31, 2013

III.

Se escribió sobre el escritorio...




Habrá que quitarse el corazón 
de vez en cuando.
Será necesario hacerlo 
cada noche, como método.
- Como quitarse la caja de dientes 
y ponerlo en un vaso con remedio -
Así mismo,
será necesario quitarse el corazón
y echarlo en un florero.
A la mañana siguiente nos daremos cuenta
si son flores, las que salieron.

miércoles, enero 30, 2013

II.

Se escribió sobre el escritorio...



Amordazar las palabras
encadenarlas a la metástasis
de lo que "significan".
Someterlas a juicio 
y darles la extrema-unción.
Dejarlas en algún paraje botadas,
al amparo de lo que sólo llega
con la puesta tibia del sol.

lunes, enero 28, 2013

¿A QUIÉN LE IMPORTA?

Se escribió sobre el escritorio...



¿Y a quién le importa los vidrios rotos,
las macetas con la tierra esparcida
y las flores quebradas
con el jarrón?

¿A quién le importa un terreno baldío,
una tierra estéril,
una boca que no escatima
en hablar sin razón?

¿A quién le importa la herida abierta,
la estrechez del pasillo
y las tristes horas de la tarde
sumidas en una habitación?

¿A quién le importa los cuadros colgados,
los mismos paisajes recreados
y el olor a formol?

¿A quién le importa la sonrisa cocida,
la fealdad del escenario,
la ronca y aguda vocecita
que de tanto llorar no pudo decir adiós?

¿A quién le importa?
¿A quién?

domingo, enero 27, 2013

HOGUERA.

Se escribió sobre el escritorio...



La llama que arde 
en la hoguera de mi pena,
es una llama agobiante
por no decir ¡lisonjera!
Me ha quemado con su fuego,
¡la piel me ha hecho mella!
Yo que había querido apagarle
¡ha pagado con infamia mi idea!
¡Bendita llama que arde!
Esta llama que no admite tregua.
¿No hay nadie quién la apague?
En mi auxilio 
¡por Dios! ¡Venid vos!
¡el que ha puesto el carbón 
a esta condena!

viernes, enero 25, 2013

SIETE PERPETUIDADES.

Se escribió sobre el escritorio...





Hay siete perpetuidades en mi esencia.

En el rincón de mi oreja
se esconde la primera.
Dulce olor marchito en el lóbulo que cuelga
el silencio y el sonido,
como pendola de lo que se recuerda.
La segunda como estampilla
es un grabado en la azotea;
mis ojos dos estanques 
con gotas siempre en sus vidrieras.
La palma de mi mano
es la tercera.
Manchada con tinta
y en el centro de su muñeca
un estambre de hilos
que urden con sangre las letras.

Hay siete perpetuidades en mi esencia.

La cuarta de ellas
se encuentra en la cabeza.
Es cruel cuando emite ideas,
cuando alucina o cuando piensa.
Le gusta sentirse libre
a pesar de que en mí es presa.
La derecha de mi pecho
envuelve la quinta perpetua.
Una especie de baúl
carcomido por la existencia,
anida en un hondo resquicio
plagado de ramas, redes y puertas;
una caracola parece su vestíbulo,
anticuario con viejas perlas.

Hay siete perpetuidades en mi esencia.

La sexta.
¡Ay, la sexta!
¡La perforación en mi costado,
la válvula que me alimenta!
El aire que respiro,
fogonazo para no perder la pelea.
El limbo de mi caída
es la séptima esencia.
La boca por la que supura
la herida que no cierra,
la vertiente por la que desciende
el calvario de mi pena,
la ponzoña que adormece,
el bálsamo de mi anestesia.

Hay siete perpetuidades.
La octava es tu ausencia.

jueves, enero 24, 2013

ES HORA DE MORIR.

Se escribió sobre el escritorio...


Es hora de morir,

de cerrar los labios.
Recoger el sueño
y los ojos vendarlos.
Es hora de cobijar las sienes
y esconder lo humano,
las terribles cosas 
que provocan espanto.


domingo, enero 20, 2013

I.

Se escribió sobre el escritorio...



Despellejarse la piel.
Quitarse en tiritas el cuero.
Arrancar todo hábito,
todo lo que cause duelo
y abrirse así,
desmembrado 
a la osadía de ser nuevo.

YO NO SÉ AMAR, AMOR.

Se escribió sobre el escritorio...





Y te digo que
no sé amar, amor
de otra forma que no sea esta:
apretando los labios
y mordiéndome la lengua;
y si es preciso,
hasta las vertebras
hasta que falte el oxígeno
y se estrangulen las venas.

Pues
otras formas de amar
se me hacen difíciles, me cuestan.
Por eso esta forma de amar tiene su ciencia,
se deposita en un espacio
y se materializa como esencia.
Se contrae y se expande,
se dilata y se congela.
Permanece diluida
entre la sangre y las arterias.

Por eso te repito que:
yo no sé amar, amor
sino hasta perder la cabeza,
hasta sudar por los poros
y reír, por la amnesia.

CONSTANTE.

Se escribió sobre el escritorio...





No sé si sólo soy
este sol que alumbra y se oculta
el día de hoy.

No sé si tan sólo soy
esa hoja pequeñita que vuela
entre el pavimento de la calle
y que se muda de árbol y de color.

No sé si soy
una hormiga que cruza
con el costado y su hoja
hacia el hormigon.

No sé quién soy.
¿A quién se lo pregunto?
¿Acaso es que necesito saberlo
cuando sólo he sido yo?

No sé. 
Tal vez ni soy.

jueves, enero 17, 2013

EL NAVÍO.

Se escribió sobre el escritorio...






Trae tu amor, una pesada cadena
un navío tripulado
por diez mil almas en pena.


Fantasmas de tu alma
que desolaron tus proas lisonjeras
y que soltaron tu ancla
en un terreno estéril, en ciénaga.

miércoles, enero 16, 2013

SILENCIOS.

Se escribió sobre el escritorio...




Entre tu silencio y el mío
se erige un puente,
un largo y estrecho camino
por donde se van nuestros sonidos
queriendo cómo saberse.



domingo, enero 13, 2013

UNO NO PODRÍA.

Se escribió sobre el escritorio...



Zé Peixe, un hombre bajo, delgado y fibroso; corajudo, sencillo, enérgico, independiente y trabajador;
 supo envejecer con dignidad. Nunca fumó ni bebió alcohol, se iba a dormir a las 8
y despertaba antes del amanecer. Sonreía cuando salía hacia la mar y jamás usó zapatos.


Y uno no puede bastarse y pedirse clemencia,
echarse a la basura como cualquier mierda.
¡Eso no!
Tal vez uno podría echar a rodar la cabeza,
despojarse de las manos y los pies
para dejar de dar tantas vueltas.

Uno podría quitarse los labios 
para cerrar la jeta.
Podría también silenciarse 
y dejar de decir lo que primero se le cruce
por la testa.

Uno podría no pensar y ser un insomne extraño
sonámbulo siempre, 
transeúnte de la nada 
y muerto viviente.

Pero
¿y si uno escoge lo necesario?
¿Vivir a la luz de la pregunta en la mente,
seco y despojado de la necedad que es causa
de la costumbre y lo correspondiente?

Uno podría arrancarse y quebrarse,
degollarse si es preciso.
Lo que uno no podría es quemarse
cuando por dentro se es río, se es fuente.

sábado, enero 12, 2013

LA NAVE.

Se escribió sobre el escritorio...




Uno a veces se despierta
tan  diametralmente vacío,
tan visceralmente cóncavo.

Y sucede que en el suelo hay maleza.
No puedes abandonar la barca que te hace presa.
La cama se ha transformado en una implacable
nave prisionera.

Y ya no quiero dormir
porque me siento como muerta.
Barajo el sueño   
y sólo soy una esfera que se quiebra.

martes, enero 08, 2013

NIÑA.

Se escribió sobre el escritorio...





Yo recuerdo cuando eras niña.
Vientre azul, violáceo.
Las celestinas piernas desnudas
y el olor a alquitrán en los zapatos.

Enmudecía tu aliento aún dormida,
y un suave pronunciamiento se decía entre tus labios
en el silencio que se esparcía como periplo
cada vez que la luz entraba a tu abrazo.

Tus pasos danzaban en el piso
con un fino sigilo, sin ser escuchados.
Diáfanas calzadas sin sonido 
ninfeáceas azucenas, liviano equipaje.
Los pequeños dedos cual puñitos,
eran cándidos espejos, sin ultraje
las baletas cual potrillos
corrían junto a tus pies para desbocarse.

Yo recuerdo cuando eras niña.
Rápido vapor se filtraba aún entre tu tráquea.
Menos lóbrego, más prístino 
como el alba que se encendía,
y había un sol que era un tatuaje.

La falda sin arruga, el vestido.
La enagua y el encaje.
La balaca y la diadema, el flequillo;
la figura del crisol en el estanque.
Lo recuerdo todo, ¡el castillo!.
La rotonda en la tarde, el paisaje.
La casa en el árbol, el pestillo.
La naftalina y el olor de ayer
que es sólo hoy un viraje.

LA FRUTA.

Se escribió sobre el escritorio...






Aún conservo
el durazno tierno
entre las piernas,
la fibra y la pulpa suaves,
sin decaer;
el sabor dulce entre las ropas
el aroma que exuda un olor a hiel.